La Jicara El Portal del Cuento IntroArt

Un cuento que aún habla de sonrisas.

Un cuento que aún habla de sonrisas.

Dedicado a Claro, Movistar, Disnorte-Dissur, alcaldías, ministerios, bancos, etc.

"Buenos días, puede ayudarme?". Mi saludo es casi un ruego y él tipo de recepción ni me contesta.  Sólo levanta las cejas y de su mirada salen cuchillos. Yo hago un esfuerzo por mantener la sonrisa, porque de otra manera es probable que no me atienda.

Es así en todos los sitios. Es increíble cómo cada funcionario, oficinista, secretaria, etc., se esfuerza para mostrarse hostil y hacernos sentir humillados, agredidos,  menospreciados.

"Siéntese" me dice y su voz suena a mando.  Me señala la silla sin verme y al hacerlo me trata como ignorante pues en el salón sólo queda disponible una silla y yo, desde luego, sé que cosa es una silla.

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Diálogo entre la noche y la luna.

Siento tu caricia, en medio de mi noche cansada. ¿Por qué brillas? – le preguntó la noche a la luna.

Porque quiero iluminar tu paso, para no saberte sola. -respondió la luna.

¿Y qué ganas? – volvió a preguntar así la noche.

Tu atención, tu suavidad, tu aroma, tu corazón. -respondió la luna.

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EL PINTOR Y LOS ELEMENTALES

En el sur del país se encuentra un lugar muy especial. Es una pequeña finca ubicada en el departamento que una vez se le llamó “el triángulo de oro”. Esta finca guarda un secreto antiguo, los dueños son una familia honorable y trabajadora. En ella se respira sosiego y el aire danza libre creando conciertos sonoros naturales entre las ramas de los arboles al mover sus gruesos brazos. Vigorosas las raíces se aferran a la tierra de la finca, es suave, parece una mujer joven que yace acostada sobre sí misma para ser poseída, su virtud es la frescura plagada de fertilidad.

En un día soleado parece un lugar dorado, todo resplandece alrededor de un amarillo puro, parecen pinceladas llenas de virtuosismo, un paisaje pulcro en donde, incluso, la forma de la nada puede ser vista sobre el lienzo. Las paredes de la propiedad están llenas de flores enredaderas como las trinitarias de colores rojas y moradas, trompetas trepadoras, campanillas, pasionarias y madre selva. Es como una de esas obras del pintor paisajista Manuel Peidro, sus obras dibujan un paisaje impresionista que transportan a cualquier amante del arte a la profundidad de sus colores confundiendo lo real de lo irreal. Todo en aquel lugar parece mágico.

Uno de los propietarios es un joven de treinta años. Leonardo es blanco, pelo castaño, de tamaño promedio y de finas fisonomías. Sus ojos son café claros y muy profundos y posee un don muy especial. En la profundidad de su interior puede ver lo que otros no pueden ver. En cada imagen que aprecia entre la naturaleza y demás ve formas, figuras, rostros, luminosidades, detalles, conjunciones, trazos, órganos sexuales, posibilidades infinitas para crear una obra. Es un pintor que antes de iniciar su obra, lo primero que hace es dibujarla en el vacío con sus dedos como pinceles.

Nunca dejó de ir a la finca. De niño era y seguirá siendo el mejor lugar del mundo, jugaba ahí a solas, porque era especial e incomprendido. Amaba la soledad a la hora de sus juegos. Su casa en la ciudad queda a pocos minutos de la finca. Siente que se comunica con todo aquello; con las plantas, las flores, los árboles, las aves que llegan volando para descansar o para encontrarse con otras especies y escucharles comunicarse a través de cantos exóticos. Las ardillas se columpian sobre las ramas jugando, persiguiéndose unas a otras.

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INSOMNIO Y YO

INSOMNIO Y YO

Hay veces que no puedo contener a Insomnio, me visita algunas noches y se sienta a mi lado. Me pregunta sobre algunos versos, con lo que a continuación dibujo una leve sonrisa en mi rostro. Esos momentos se me antojan extraños, me obliga a tomar una copa de alcohol para musitar códigos inentendibles. A veces me llama a la ventana para fumar opio, hachís o cannabis y apreciar la noche silenciosa, reímos ahorcajadas como locos, hacemos ridículos gestos y nos imaginamos pasear por las calles de Montmartre en París. En ese barrio de pintores donde vivían sus excesos de bohemia, en donde reinaban los colores y los poetas recitaban como excitados sus poesías. Sus calles empedradas y empinadas lucen mágicas.

Insomnio es incansable, aún casi al alba parece un niño que juguetea por el barrio. Reímos descaradamente cuando todas las almas se extrañan con nuestra presencia en las oscuras calles, nos señalan mientras sus cuerpos vacíos yacen en sus camas y son violados por la oscuridad.

¿Cómo detenerle? Si es que existe la manera.

A veces subimos a los techos para seguir a los gatos que se aparean con el frío de la luna. Es una escena divertida correr tras los maullidos felinos.

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PAPELOTES Y GLOBOS ~ Por: Juan Ramón Falcón ~

PAPELOTES Y GLOBOS ~ Por: Juan Ramón Falcón ~

En los años 60s y 70s., uno de los juegos de niños, más vistoso, era llenar el cielo azul de Condega con papelotes, lechuzas, cometas, barriletes, hechos de papelillo con armazón de carrizo. Un paisaje de cielo lleno de colores en movimiento, como avecitas diferentes unas de otras. "¡Vamos a elevar papelotes!" era el grito de organización y cada uno de los chigüines agarraba el suyo y en grupos, se enrumbaban a la Pila o a la Calle Nueva que eran los lugares más propicios, y ya cuando estábamos allí, a elevarlos, y a decir: "el mío es mejor" “el mío es más bonito” "el mío vuela más alto", "no seas cochón, dale más hilo". Y uno le daba hilo, hasta tres y cuatro ovillos, hasta que el papelote se miraba como un puntito de color que casi se perdía en el cielo. "Vení sentilo como jala" y uno sentía la tensión en el hilo y parecía como si tuviera vida, igual que un pescado que se había trabado en el anzuelo y nadaba fuerte para soltarse.

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