La Jicara El Portal del Cuento IntroArt

INSOMNIO Y YO

INSOMNIO Y YO

Hay veces que no puedo contener a Insomnio, me visita algunas noches y se sienta a mi lado. Me pregunta sobre algunos versos, con lo que a continuación dibujo una leve sonrisa en mi rostro. Esos momentos se me antojan extraños, me obliga a tomar una copa de alcohol para musitar códigos inentendibles. A veces me llama a la ventana para fumar opio, hachís o cannabis y apreciar la noche silenciosa, reímos ahorcajadas como locos, hacemos ridículos gestos y nos imaginamos pasear por las calles de Montmartre en París. En ese barrio de pintores donde vivían sus excesos de bohemia, en donde reinaban los colores y los poetas recitaban como excitados sus poesías. Sus calles empedradas y empinadas lucen mágicas.

Insomnio es incansable, aún casi al alba parece un niño que juguetea por el barrio. Reímos descaradamente cuando todas las almas se extrañan con nuestra presencia en las oscuras calles, nos señalan mientras sus cuerpos vacíos yacen en sus camas y son violados por la oscuridad.

¿Cómo detenerle? Si es que existe la manera.

A veces subimos a los techos para seguir a los gatos que se aparean con el frío de la luna. Es una escena divertida correr tras los maullidos felinos.

Cierta noche apareció triste y melancólico. Su mirada reflejaba extravío, su tristeza inundó mis aposentos confundiendo mi alma. ¿Qué hacer con ese dolor extraño? ¿Cómo borrar de mis mejías la estela de las lagrima?

Me dijo:

--Soy el éter sumido en miseria-- consternado tomaba de mis manos.

--Pero ¿Dónde están tus risas y tu desenfreno? pregunté viéndole a los ojos.

--Mi risa se convirtió en espanto y mi desenfreno abandonó la estancia-- mientras sus ojos apuntaban hacia el oscuro orbe divisando el mar de estrellas.

Buscaba entre millones de diminutos puntos blancos y brillantes su hogar. Ahí afuera, en alguna parte de la galaxia estaba su hogar, le extrañaba con mesura. Recordó que de tanto visitarme perdió el rastro, el regreso a casa. No podía dejarle solo, me entristeció verle deprimido; sus lágrimas parecían una sustancia ambarina.

No pude contenerme y le abracé como a un hermano, le tranquilicé.

--Puedes quedarte conmigo, cuando recuerdes el camino a casa abandona mi cuerpo y vuela tras tu estrella-- le repuse.

Hicimos un trato.

 

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