La Jicara El Portal del Cuento IntroArt

UN ENCUENTRO DE ENSUEÑO I

MISTERIOS-DEL-AMOR

Una mañana en que los días parecen holgazanes el joven Diego se levantó intempestivo, debía apresurarse para ir al trabajo. Corrió hacia el baño, el agua estaba fría, al abrir la regadera sintió pequeñas agujas heladas penetrar su tibio cuerpo. Se alistó rápido y apenas tomó una taza de café, generalmente desayunaba en la oficina. Al abordar el colectivo a las siete con algunos minutos caminó hacia el fondo y la vio sentada en el penúltimo par de asientos.

No podía creer lo que estaba viendo. Era los más hermoso que sus ojos habían visto; ella era blanca, sus cabellos eran negros y lisos, le caían sobre sus delicados hombros como una lluvia serena, parecía que un cielo nocturno con sus estrellas la habían adornado. Sus ojos eran oscuros y pequeños, su nariz fina y perfecta, sus mejías tenían pequeños detalles en forma de puntitos como si un pincel había dibujado deliciosas pecas. Su rostro era el de un ángel que silenciosamente paseaba sobre la tierra llena de pecadores. Sus labios eran medianos y rosados, no había sobre su rostro ningún rastro de pintura manchando su tersa piel, todo en ella era de una belleza natural inimaginable.

Usaba una blusa fina entre blanca y crema que, hacia perfecto juego con una falda negra de tela claramente cara, era un juego perfecto que completaba con unas sandalias de fina hechura con tirantes de cuero. Toda ella era una belleza entre la pintura victoriana y la modernista. Diego iba de pie junto a ella sujetado al tubo horizontal pegado al techo del colectivo, no podía dejar de verla, para él era como estar viendo una obra de arte.

-Por Dios que linda- se decía así mismo en sus adentros.

Una voz poética formuló para sí mismo.

-Jamás había visto tanta perfección en un ser humano, sus manos son tan divinas y limpias, es difícil dejar de verla. Amar a una criatura de tal naturaleza conllevaría a ser un idolatra entre los mortales. Las líneas de sus labios y sus cejas negras bien delineadas son perfectas, la convierten en una diosa. Perdona mis pecados Eterno rey del universo, Dios de mis padres Abraham, Yitzaak y Iakoov. Estoy maravillado con tu creación. Si todos somos creados a tu imagen y semejanza he aquí un ángel como prueba de lo inconmensurable de tu palabra.

De repente un recuerdo le atravesó como una luz que iluminó toda su existencia, un recuerdo de un sueño. Recordó el sueño. Se vio junto a una chica con extrañas vestimentas, como si tratase de un tiempo lejano. Iba asombrado al percatarse que la chica con la cual había soñado estaba al lado suyo. Rescató todos los detalles del sueño y enseguida quedó perplejo cuando la chica se acomodó el cabello de la misma forma que el sueño, la única diferencia eran las vestimentas antiquísimas. A pesar de su belleza se veía sencilla, sin coquetería y natural.

El colectivo se llenó de pasajeros, Diego ni se percató del tiempo, ni mucho menos que le hacía falta poco para bajarse. Llego el momento para abandonar el colectivo, se dio vuelta para buscar la salida, en seguida la chica se levantó quedando detrás, pegada a su espalda no podía creerlo, había encontrado a su sueño y se disponía a bajar en la misma parada. Al bajar ambos tomaron direcciones opuestas, dio unos cuantos pasos, luego se detuvo para buscarla y vio cómo su sueño se alejaba hasta desaparecer en una esquina de la avenida principal de un residencial de la capital. 

 

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