La Jicara El Portal del Cuento IntroArt

UN ENCUENTRO DE ENSUEÑO II

NINA

Generalmente salía temprano de casa. Nina tenía un retraso, había planeado levantarse muy de mañana para evitar el tráfico pesado de las horas pico. Se puso lo primero que vio en su guardarropa; pensó que una blusa clara, una falda negra ─la primera que tomó del perchero─ y unas sandalias recién compradas a una amiga harían perfecto juego. No se lavó el cabello ─como toda chica, pues no le tocaba─ No le dio tiempo siquiera de pintarse, revisó dentro de su bolso si le faltaba algo.

─Siento que me hace falta algo, que podrá ser─ murmuró

─Ah sí, mi teléfono, primero se queda la Estefany, menos mi teléfono─ mientras veía a su hermanita que le veía dar vueltas como loca.

─Ve que linda, es más importante tu teléfono que yo─ le reclamaba juguetona la pequeña, mientras ambas cómplices reían a carcajadas.

Recordó haber dejado cargando su celular en la sala, tomo su bolso y los auriculares que tenía al lado, paso por la sala desconectando su móvil y guardando el cargador en el bolso. Al caminar hacia la puerta encendió su Smartphone la carga era suficiente para ir escuchando música en el colectivo. Enseguida lo guardo con el resto. Amaba la música joven, los sonidos impetuosos de la música electrónica, música moderna como el dance hall, pero lo que más le gustaba escuchar cuando abordaba el colectivo era la música romántica.

Era una veinteañera con gustos a la vieja usanza, una romántica. El colectivo se detuvo en la primera parada después de abordarlo y sentarse en el fondo. Introdujo su mano en el bolso, al costado sobre un compartimento pequeño sacó su Smartphone y su auricular. El transporte seguía su marcha a cinco cuadras se disponía a detenerse nuevamente. Todos los asientos iban ocupados y los que iban de pie apenas se contaban con las manos, otro reducido grupo de pasajeros lo abordó. Delante iba un joven bien vestido.

Sobre la pantalla de su Smartphone una carpeta especial llena de música romántica se dibujaba, todo aquello estaba lleno de música deliciosa para su gusto. Lideraba la lista una canción, una pregunta que se hacía constantemente. Al abrir la carpeta ─ ¿Dónde está el amor? Pablo Alboran feat Jesse & Joy─ se podía leer sobre la superficie de cristal, al puntear sobre el título, un ambiente de reproductor iniciaba su marcha.

─No hace falta que me quites la mirada, para que entiendas, que ya no queda nada. Aquella luna que antes nos bailaba, se ha cansado y ahora nos da la espalda ¿Dónde está el amor del que tanto hablan? …..─

Cantaba para sí misma en medio del arpegio de una guitarra enamorada y el delicado susurro del piano, una armonía melancólica en que ambas se abrazaban tristes para convertirse en un llanto inaudito. Llena de anhelos y de sueños, súplicas que corrían sobre la superficie de la melodía. Nina cantaba con los ojos cerrados llena de un virtuosismo juvenil propio de su edad, de su belleza natural. Al abrir los ojos lo vio. Era un joven muy apuesto al lado suyo que trataba de simular que no la veía, pero era todo lo contrario. Ella se sintió un tanto retraída al verlo, indiferente, fría, sin embargo, algo en el joven le llamaba la atención. Era de piel clara, ojos color de miel, un rostro fino y nariz bien elaborada; su cabello era de color castaño y lo usaba algo largo. Era de tamaño medio, se aferraba al tubo horizontal del techo del colectivo cuando éste hacia un brusco movimiento por el arranque.

Iba bien vestido ─un oficinista─ pensó Nina, además de la fragancia que expedía, un olor suave y agradable. En el trayecto sabía que el joven de vez en cuando le observaba cuando ella contemplaba el recorrido de una mañana de diciembre. Sabía que la estaba viendo y cuando él se desentendía de ella quedando absorto en sus pensamientos ella le observaba a él. Ambos se contemplaban. Lo que más le llamaba le atención a ella era la mirada profunda que tenía. Era extraño todo aquello, de repente sintió que lo conocía, no sabía de donde, pero sentía que lo había visto, trataba de recordar.

─Se me hace conocido, siento que ya lo he visto, pero no sé de donde─ se cuestionaba

La melodía en su Smartphone seguía su curso, sintió ansiedad al escuchar los versos de la canción, sentía que la letra había sido escrita para ella, se acomodaba en el asiento casi nerviosa.

─Déjame que vuelva acariciar tu pelo. Déjame que funda mi pecho en tu pecho. Volveré a pintar de colores el cielo. Haré que olvides de una vez el mundo entero…─

¿Cómo detener ese mar de emociones en su interior? Sentía que las olas de sus pensamientos solitarios le ahogaban, se sentía sola y se decía así misma que era un caso perdido.

─Es simpático, me gustan sus ojos, tienen algo misterioso. Veo en la profundidad de su color que es apasionado, tienen una chispa extraña. ¿Cómo se inicia una conversación con un desconocido en el bus? ─

Se acomodaba el cabello hacia un lado, empezó a coquetear sin encontrar respuesta a sus insinuaciones. Ya el colectivo se había llenado de pasajeros, de vez en cuando sentía el roce involuntario de la pierna de él sobre la de ella cuando le empujaban. Así pasó todo el recorrido, entre canciones románticas y miradas furtivas entre ambos.

De repente el joven dio la vuelta para buscar la salida, debía bajarse en la próxima parada, ella le siguió y se pegó a su espalda.

─Se va a bajar en la misma parada, me gusta su perfume, sin embargo, no pude recordar donde lo he visto─

Ambos se bajaron y tomaron direcciones opuestas. Nina caminaba insistente, sentía que lo había visto hace mucho tiempo y no pudo recordarlo ─quizás fue un sueño─ se dijo. Apresuró su paso y dobló en una esquina de un residencial del sur de la capital.

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