La Jicara El Portal del Cuento IntroArt

INSOMNIO Y YO

INSOMNIO Y YO

Hay veces que no puedo contener a Insomnio, me visita algunas noches y se sienta a mi lado. Me pregunta sobre algunos versos, con lo que a continuación dibujo una leve sonrisa en mi rostro. Esos momentos se me antojan extraños, me obliga a tomar una copa de alcohol para musitar códigos inentendibles. A veces me llama a la ventana para fumar opio, hachís o cannabis y apreciar la noche silenciosa, reímos ahorcajadas como locos, hacemos ridículos gestos y nos imaginamos pasear por las calles de Montmartre en París. En ese barrio de pintores donde vivían sus excesos de bohemia, en donde reinaban los colores y los poetas recitaban como excitados sus poesías. Sus calles empedradas y empinadas lucen mágicas.

Insomnio es incansable, aún casi al alba parece un niño que juguetea por el barrio. Reímos descaradamente cuando todas las almas se extrañan con nuestra presencia en las oscuras calles, nos señalan mientras sus cuerpos vacíos yacen en sus camas y son violados por la oscuridad.

¿Cómo detenerle? Si es que existe la manera.

A veces subimos a los techos para seguir a los gatos que se aparean con el frío de la luna. Es una escena divertida correr tras los maullidos felinos.

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PAPELOTES Y GLOBOS ~ Por: Juan Ramón Falcón ~

PAPELOTES Y GLOBOS ~ Por: Juan Ramón Falcón ~

En los años 60s y 70s., uno de los juegos de niños, más vistoso, era llenar el cielo azul de Condega con papelotes, lechuzas, cometas, barriletes, hechos de papelillo con armazón de carrizo. Un paisaje de cielo lleno de colores en movimiento, como avecitas diferentes unas de otras. "¡Vamos a elevar papelotes!" era el grito de organización y cada uno de los chigüines agarraba el suyo y en grupos, se enrumbaban a la Pila o a la Calle Nueva que eran los lugares más propicios, y ya cuando estábamos allí, a elevarlos, y a decir: "el mío es mejor" “el mío es más bonito” "el mío vuela más alto", "no seas cochón, dale más hilo". Y uno le daba hilo, hasta tres y cuatro ovillos, hasta que el papelote se miraba como un puntito de color que casi se perdía en el cielo. "Vení sentilo como jala" y uno sentía la tensión en el hilo y parecía como si tuviera vida, igual que un pescado que se había trabado en el anzuelo y nadaba fuerte para soltarse.

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BEN E. KING A MIS SEIS AÑOS por Juan Ramón Falcón

BEN E. KING A MIS SEIS AÑOS por Juan Ramón Falcón

Los primeros recuerdos de niño en mi pueblo pequeñito del norte, siempre están asociados a alguna canción de la época. A veces, una canción me toma de la mano y me hace cruzar mis años vividos para ponerme a caminar de nuevo por mis viejas calles de polvo y piedras sueltas. Y percibo olores de pan saliendo del horno, olores de mango jocote, mandarina-limón, olores de sol y hasta de lluvia arrastrando barquitos de papel que se alejan luchando heróicos en la corriente de aguas cafés, o encallando a la orilla de las enredaderas de flores silvestres azules que llenaban los cercos de alambres de púas que habían entre casa y casa del pueblo. Los radios pequeños, tocaban a Ben E King. "Stand by me" o "I who have nothing" y aunque yo no sabía ni el nombre de las canciones ni del cantante, les aseguro que mi niñez, no tendría sentido sin esa música. “I who have nothing” es el tema de cuando anduve extraviado a mis seis años por aproximadas dos horas, caminé de calle en calle por el Barrio San Luis, buscando mi casa, lleno de miedos y deseando parar la noche que comenzaba a anunciarse con las bombillos amarillos encendiéndose en la cumbre de los postes hechos de rieles de tren, o con las estrellas encendiéndose encima del cerro de La Mesa al otro lado del río. Yo caminaba rápido, conteniendo el llanto al anochecer. La música de Ben E King se salía a las puertas de las casas para verme pasar. Stand by me, es un recuerdo triste, en el que veo a dos guardias arrastrando al enorme perro “Negro" de Don Chilo, aquel señor flaquito y callado que vivía frente a mi casa y que unos años más tarde fue el parquero del pueblo. Los guardias habían llegado con la orden de llevarse al animal, porque según la denuncia, había mordido al hijo de uno de los personajes serviles del cuartel. No valieron protestas ni súplicas, ni los llantos de doña Paya, ni las explicaciones de que el perro había estado en casa todo el día, que ni siquiera se iba a las casas vecinas y que mucho menos iba a andar tan lejos: a siete cuadras. De nada sirvieron los reproches de los vecinos que intercedían y juraban que lo que decía doña Paya era cierto, ni las voces en susurros, ni los gritos, ni los llantos de los niños asustados, ni los ladridos de los demás perros, ni el aullido lastimero del enorme perro negro. Nada logró disuadir a los guardias Todos vimos a doña Paya llorando, abrazando al “Negro”, moviendo sin parar un no con la cabeza y gritándolo, gritándolo, gritándolo.. Se negaba a ponerle el mecate amarrado al cuello y los guardias no paraban de insistir. ¿Como podría ella amarrarlo, si era como su hijo, si el perro gemía y temblaba, si con sus enormes ojos cafes húmedos y brillantes, le suplicaba protección?. Allí se quedó cuanto pudo, aferrada al animal, llorando, rostro a rostro, los ojos de ella sobre los del perro y los del perro, sobre los ojos de doña Paya. Los guardias tomaron el mecate y lo amarraron y se enfrascaron en una tremenda lucha con la señora para arrancarla de aquel abrazo. Y tras lograrlo, el llanto se hizo mil veces más grande y también mil veces más grandes los aullidos del animal. Aquella tarde no hubo quien no gritara en la cuadra que aquello era una injusticia. En medio de la mezcla de sonidos, sobresalía Ben E King, sonando desde algún radio puesto sobre alguna repisa de una de las casas, cantando Stand by me, indiferente al suceso, a la hora que todos contenían la impotencia viendo a los dos armados que arrastraban al enorme animal que lloraba como un cachorrito. La canción terminó cuando los guardias ya habían subido la cuesta, y fue entonces que sonaron los dos disparos de Garand. Todos corrimos hasta donde estaba el perro tendido sobre su propia sangre, inmóvil, con la expresión de miedo grabada en sus dos ojos abiertos y brillantes por las lágrimas Juan Ramón Falcón4 de mayo de 2015Masaya

 

CANCIONES CITADAS:

https://youtu.be/z4r3_FqrrsM https://youtu.be/hwZNL7QVJjE

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Si hubieras visto qué clase de hoyo había en la puta carretera

Si hubieras visto qué clase de hoyo había en la puta carretera

Anoche que fui a Granada, decidí pasar a ver a un amigo que vive en el Barrio Xalteva. Desde que abrió la puerta lo noté sumamente molesto. Procurando ser amable me recibió con una sonrisa obligada, y al hacerlo hizo, aún más visible, el enorme agotamiento que tenía en su rostro.

Me dijo que "recién acababa de regresar de la aventura más grande de su vida". A su lado, su esposa sonrió y le pasó una caricia sobre la cara a la vez que reafirmaba con la cabeza lo que decía mi amigo.

Me invitó a que fuéramos al garaje y allí me mostró las dos llantas nuevas que lucía su carro Yaris negro.

- Tuve que comprarlas - me dijo, y se quedó ido mirándolas un rato.

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La Maestra de Matematicas

La Jicara - La Maestra de Matematicas - Jose Abraham Cardoza

La Maestra de Matematicas..

Escrito por:

Jose Abraham Cardoza S.
Pintor Cuentistas y Poeta
Matagalpa,Nicaragua.

No se si odiaba mas al libro de Algebra o a la maestra de Matematicas. Seguramente odiaba mas a la maestra. Ella me odio primero. Yo tenia miedo y ella lo sabia. Me buscaba, buscaba mis ojos y cuando me encontraba, en la ultima fila de la clase, me denunciaba publicamente, se burlaba de mi y me obligaba a pasar al frente de la clase. Pase, venga, resuelva esta ecuacion, - se reia burlona, mostrando su diente de oro, sus ojos negros, profundos, agresivos, exhibian una chispa diabolica Me quede petrificado. La boca seca, mis ojos llorosos, no pude dar la cara a mis compañeros. Tronaba mis dedos sudados. Mis compañeros, unos reian, complices. Las muchachas eran mas nobles, se mostraban mortificadas con mi fracazo. Yo queria morirme. Deseaba escaparme, correr lejos sin frenos, buscar el refugio de mi hogar y entre risas y burlas, asi lo hice, corri avergonzado, sin querer volver. .. Al llegar a mi casa, no dije nada. Cene callado y me fui a la cama.

No queria nunca mas, volver a la clase de Matematicas.

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