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BEN E. KING A MIS SEIS AÑOS por Juan Ramón Falcón

BEN E. KING A MIS SEIS AÑOS por Juan Ramón Falcón

Los primeros recuerdos de niño en mi pueblo pequeñito del norte, siempre están asociados a alguna canción de la época. A veces, una canción me toma de la mano y me hace cruzar mis años vividos para ponerme a caminar de nuevo por mis viejas calles de polvo y piedras sueltas. Y percibo olores de pan saliendo del horno, olores de mango jocote, mandarina-limón, olores de sol y hasta de lluvia arrastrando barquitos de papel que se alejan luchando heróicos en la corriente de aguas cafés, o encallando a la orilla de las enredaderas de flores silvestres azules que llenaban los cercos de alambres de púas que habían entre casa y casa del pueblo. Los radios pequeños, tocaban a Ben E King. "Stand by me" o "I who have nothing" y aunque yo no sabía ni el nombre de las canciones ni del cantante, les aseguro que mi niñez, no tendría sentido sin esa música. “I who have nothing” es el tema de cuando anduve extraviado a mis seis años por aproximadas dos horas, caminé de calle en calle por el Barrio San Luis, buscando mi casa, lleno de miedos y deseando parar la noche que comenzaba a anunciarse con las bombillos amarillos encendiéndose en la cumbre de los postes hechos de rieles de tren, o con las estrellas encendiéndose encima del cerro de La Mesa al otro lado del río. Yo caminaba rápido, conteniendo el llanto al anochecer. La música de Ben E King se salía a las puertas de las casas para verme pasar. Stand by me, es un recuerdo triste, en el que veo a dos guardias arrastrando al enorme perro “Negro" de Don Chilo, aquel señor flaquito y callado que vivía frente a mi casa y que unos años más tarde fue el parquero del pueblo. Los guardias habían llegado con la orden de llevarse al animal, porque según la denuncia, había mordido al hijo de uno de los personajes serviles del cuartel. No valieron protestas ni súplicas, ni los llantos de doña Paya, ni las explicaciones de que el perro había estado en casa todo el día, que ni siquiera se iba a las casas vecinas y que mucho menos iba a andar tan lejos: a siete cuadras. De nada sirvieron los reproches de los vecinos que intercedían y juraban que lo que decía doña Paya era cierto, ni las voces en susurros, ni los gritos, ni los llantos de los niños asustados, ni los ladridos de los demás perros, ni el aullido lastimero del enorme perro negro. Nada logró disuadir a los guardias Todos vimos a doña Paya llorando, abrazando al “Negro”, moviendo sin parar un no con la cabeza y gritándolo, gritándolo, gritándolo.. Se negaba a ponerle el mecate amarrado al cuello y los guardias no paraban de insistir. ¿Como podría ella amarrarlo, si era como su hijo, si el perro gemía y temblaba, si con sus enormes ojos cafes húmedos y brillantes, le suplicaba protección?. Allí se quedó cuanto pudo, aferrada al animal, llorando, rostro a rostro, los ojos de ella sobre los del perro y los del perro, sobre los ojos de doña Paya. Los guardias tomaron el mecate y lo amarraron y se enfrascaron en una tremenda lucha con la señora para arrancarla de aquel abrazo. Y tras lograrlo, el llanto se hizo mil veces más grande y también mil veces más grandes los aullidos del animal. Aquella tarde no hubo quien no gritara en la cuadra que aquello era una injusticia. En medio de la mezcla de sonidos, sobresalía Ben E King, sonando desde algún radio puesto sobre alguna repisa de una de las casas, cantando Stand by me, indiferente al suceso, a la hora que todos contenían la impotencia viendo a los dos armados que arrastraban al enorme animal que lloraba como un cachorrito. La canción terminó cuando los guardias ya habían subido la cuesta, y fue entonces que sonaron los dos disparos de Garand. Todos corrimos hasta donde estaba el perro tendido sobre su propia sangre, inmóvil, con la expresión de miedo grabada en sus dos ojos abiertos y brillantes por las lágrimas Juan Ramón Falcón4 de mayo de 2015Masaya

 

CANCIONES CITADAS:

https://youtu.be/z4r3_FqrrsM https://youtu.be/hwZNL7QVJjE

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Si hubieras visto qué clase de hoyo había en la puta carretera

Si hubieras visto qué clase de hoyo había en la puta carretera

Anoche que fui a Granada, decidí pasar a ver a un amigo que vive en el Barrio Xalteva. Desde que abrió la puerta lo noté sumamente molesto. Procurando ser amable me recibió con una sonrisa obligada, y al hacerlo hizo, aún más visible, el enorme agotamiento que tenía en su rostro.

Me dijo que "recién acababa de regresar de la aventura más grande de su vida". A su lado, su esposa sonrió y le pasó una caricia sobre la cara a la vez que reafirmaba con la cabeza lo que decía mi amigo.

Me invitó a que fuéramos al garaje y allí me mostró las dos llantas nuevas que lucía su carro Yaris negro.

- Tuve que comprarlas - me dijo, y se quedó ido mirándolas un rato.

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La Maestra de Matematicas

La Jicara - La Maestra de Matematicas - Jose Abraham Cardoza

La Maestra de Matematicas..

Escrito por:

Jose Abraham Cardoza S.
Pintor Cuentistas y Poeta
Matagalpa,Nicaragua.

No se si odiaba mas al libro de Algebra o a la maestra de Matematicas. Seguramente odiaba mas a la maestra. Ella me odio primero. Yo tenia miedo y ella lo sabia. Me buscaba, buscaba mis ojos y cuando me encontraba, en la ultima fila de la clase, me denunciaba publicamente, se burlaba de mi y me obligaba a pasar al frente de la clase. Pase, venga, resuelva esta ecuacion, - se reia burlona, mostrando su diente de oro, sus ojos negros, profundos, agresivos, exhibian una chispa diabolica Me quede petrificado. La boca seca, mis ojos llorosos, no pude dar la cara a mis compañeros. Tronaba mis dedos sudados. Mis compañeros, unos reian, complices. Las muchachas eran mas nobles, se mostraban mortificadas con mi fracazo. Yo queria morirme. Deseaba escaparme, correr lejos sin frenos, buscar el refugio de mi hogar y entre risas y burlas, asi lo hice, corri avergonzado, sin querer volver. .. Al llegar a mi casa, no dije nada. Cene callado y me fui a la cama.

No queria nunca mas, volver a la clase de Matematicas.

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Hijos del Apante

Este cuento esta dedicado a mi padre, siempre.La Jicara - Hijos del Apante - Jose Abraham Cardoza

Escrito por:

Jose Abraham Cardoza S.
Pintor Cuentistas y Poeta
Matagalpa,Nicaragua.

Corrian los años felices de la infancia, los años eternos, los largos meses y los dias lentos con horas de sol. Hugo, mi hermano andaria por los nueve y yo, probablemente por los seis años de juventud. Junio desgajaba sus dias llenos de sol, de almibar de mangos, cuznaca de jocotes tronadores , de cantos de chichiltotes, y de las necias, roncas y tostadas chicharras. Cansados de descansar, Hugo, mis primos Danilo y Mario, - echados bajo las columnas de palos de guanabanas – mordisqueaban mangos maduros, yo, con un palo largo, rascaba la terca rama que sostenia un precioso zapote. Hugo, Josiabran!!!, - grito mi padre desde la ventana de la cocina!! Que!!, -contestamos al unisono. Mañana sera un domingo especial, los llevare a que aprendan a nadar, tenemos que salir a las ocho y media. Preparen sus calzonetas, los neumaticos y las patas de rana. A donde nos va a llevar?, - pregunte intrigado -. A la Cagalera, - contesto mi padre, alejandose a atender su negocio -. Que nombre mas feo, a donde queda eso? – le pregunte al Hugo -. En el Cerro de Apante, - contesto, desde arriba, sentado en un tambo, sobre los brazos fuertes de un Mamon. Bueno pues, ya oyeron, mañana vengan ustedes tambien, a las ocho, traigan sus morrales y sus calzonetas, - invite a mis primos. A la mañana siguiente, apareci a la cocina, temprano, armado de mis tiezas patas de ranas, una mochila grande, una toalla de la Coca Cola, mi calzoneta, anteojos oscuros y un par de chancletas para despues del baño.

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Se fue con el Otoño

La Jicara - Se fue con el Otoño -  jose abraham cardoza

Se fue con el Otoño.
Escrito por:
Jose Abraham Cardoza S.
Pintor Cuentistas y Poeta
Matagalpa,Nicaragua.
 
 El Otoño llega aunque uno no quiera y sus vientos, arrastran melancolias, hojas y vidas secas. Fue un dia oscuro y frio. Habia algo en el ambiente que incomodaba. Uno de esos dias en que pienso que el dinero lo puede todo y que venderia mi alma al diablo, si este me pagara un millon de dolares.
Pero la realidad es otra, el diablo no existe y hay que levantarse a trabajar. Muerto de sueño me arrastre a la cocina y con los dos ojos semicerrados, tome la jarra de la cafetera y al querer enjuagarla, la estrelle con el borde del lavadero, haciendola añicos. Madre santa! – abri los ojos por completo y pense – hum, vidrios rotos no es buena señal. Abandone la cocina sin recoger los vidrios. Me bane, vesti , e ignorando cualquier otro mal presentimeitno, me fui a trabajar. Transcurrio el dia como lo tenia planeado, hasta que, a eso de las cuatro de la tarde, cuando yo ya estaba preparando mi partida. Vibro mi telefono… Disculpe, es usted el trabajador social? - pregunto una voz de mujer desconocida – Si, - en que le puedo ayudar? Me han dicho que le informe, que le esperan a las cinco de la tarde, en la clinica de Oncologia, del 1600 de la calle Divisadero, y que el paciente pregunto por su nombre, que ahi le esperan. Esta bien, gracias.
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