La Jicara El Portal del Cuento IntroArt

UN ENCUENTRO DE ENSUEÑO I

MISTERIOS-DEL-AMOR
Una mañana en que los días parecen holgazanes el joven Diego se levantó intempestivo, debía apresurarse para ir al trabajo. Corrió hacia el baño, el agua estaba fría, al abrir la regadera sintió pequeñas agujas heladas penetrar su tibio cuerpo. Se alistó rápido y apenas tomó una taza de café, generalmente desayunaba en la oficina. Al abordar el col...
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Mi trompo de guayacán

Mi trompo de guayacán
  Tenía que ser junio o julio porque recuerdo que desde las primeras horas el cielo se pintó de lluvia y Condega en esos días tiene su propio color. Comenzó a llover desde las nueve de la mañana de forma intermitente y ya por la tarde los charcos en la calle reflejaban el cielo limpísimo que había quedado después de las casi dos horas de la úl...
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Un cuento que aún habla de sonrisas.

Un cuento que aún habla de sonrisas.

Dedicado a Claro, Movistar, Disnorte-Dissur, alcaldías, ministerios, bancos, etc.

"Buenos días, puede ayudarme?". Mi saludo es casi un ruego y él tipo de recepción ni me contesta.  Sólo levanta las cejas y de su mirada salen cuchillos. Yo hago un esfuerzo por mantener la sonrisa, porque de otra manera es probable que no me atienda.

Es así en todos los sitios. Es increíble cómo cada funcionario, oficinista, secretaria, etc., se esfuerza para mostrarse hostil y hacernos sentir humillados, agredidos,  menospreciados.

"Siéntese" me dice y su voz suena a mando.  Me señala la silla sin verme y al hacerlo me trata como ignorante pues en el salón sólo queda disponible una silla y yo, desde luego, sé que cosa es una silla.

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Copyright

© Juan Ramón Falcón

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Diálogo entre la noche y la luna.

Siento tu caricia, en medio de mi noche cansada. ¿Por qué brillas? – le preguntó la noche a la luna.

Porque quiero iluminar tu paso, para no saberte sola. -respondió la luna.

¿Y qué ganas? – volvió a preguntar así la noche.

Tu atención, tu suavidad, tu aroma, tu corazón. -respondió la luna.

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EL PINTOR Y LOS ELEMENTALES

EL PINTOR Y LOS ELEMENTALES

En el sur del país se encuentra un lugar muy especial. Es una pequeña finca ubicada en el departamento que una vez se le llamó “el triángulo de oro”. Esta finca guarda un secreto antiguo, los dueños son una familia honorable y trabajadora. En ella se respira sosiego y el aire danza libre creando conciertos sonoros naturales entre las ramas de los arboles al mover sus gruesos brazos. Vigorosas las raíces se aferran a la tierra de la finca, es suave, parece una mujer joven que yace acostada sobre sí misma para ser poseída, su virtud es la frescura plagada de fertilidad.

En un día soleado parece un lugar dorado, todo resplandece alrededor de un amarillo puro, parecen pinceladas llenas de virtuosismo, un paisaje pulcro en donde, incluso, la forma de la nada puede ser vista sobre el lienzo. Las paredes de la propiedad están llenas de flores enredaderas como las trinitarias de colores rojas y moradas, trompetas trepadoras, campanillas, pasionarias y madre selva. Es como una de esas obras del pintor paisajista Manuel Peidro, sus obras dibujan un paisaje impresionista que transportan a cualquier amante del arte a la profundidad de sus colores confundiendo lo real de lo irreal. Todo en aquel lugar parece mágico.

Uno de los propietarios es un joven de treinta años. Leonardo es blanco, pelo castaño, de tamaño promedio y de finas fisonomías. Sus ojos son café claros y muy profundos y posee un don muy especial. En la profundidad de su interior puede ver lo que otros no pueden ver. En cada imagen que aprecia entre la naturaleza y demás ve formas, figuras, rostros, luminosidades, detalles, conjunciones, trazos, órganos sexuales, posibilidades infinitas para crear una obra. Es un pintor que antes de iniciar su obra, lo primero que hace es dibujarla en el vacío con sus dedos como pinceles.

Nunca dejó de ir a la finca. De niño era y seguirá siendo el mejor lugar del mundo, jugaba ahí a solas, porque era especial e incomprendido. Amaba la soledad a la hora de sus juegos. Su casa en la ciudad queda a pocos minutos de la finca. Siente que se comunica con todo aquello; con las plantas, las flores, los árboles, las aves que llegan volando para descansar o para encontrarse con otras especies y escucharles comunicarse a través de cantos exóticos. Las ardillas se columpian sobre las ramas jugando, persiguiéndose unas a otras.

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