La Princesa Paca

Pero Rubén Darío, explica la periodista, se encontraba casado con una compatriota, una mujer con la que había contraído matrimonio durante una borrachera y que le engañó y no le concedió la nulidad para poderse unir a Francisca, con la que tuvo cuatro hijos, de los que sólo sobrevivió uno.

b2ap3 thumbnail La-Jicara---Ruben-Dario-y-Francisca-Snchez"Mi abuela dio un hogar a Rubén Darío, el que no había tenido hasta entonces", señala Villacastín, que explica que para Francisca, su relación con el poeta fue "un cuento de hadas": "venía de una familia muy humilde y conoció a un hombre que era tan exótico..", aprendió a leer y a escribir de la mano del poeta y de la de su amigo Amado Nervo.

Rosa Villacastín, que recuerda también la amistad que unió a Francisca con Leonor, la mujer de Antonio Machado, a los que ayudaron durante su estancia en París, asegura que con esta novela también quiere hacer un reconocimiento "al papel de las mujeres que han estado y están al lado de hombres importantes".

Antonio y Manuel Machado, Miguel de Unamuno o Amado Nervo fueron algunos de los escritores que visitaron la casa en París de la pareja, que también vivió en Madrid, Málaga y Barcelona, entre otras ciudades.

Sin su abuela, Rubén Darío, que falleció de cirrosis a los 48 años en Nicaragua, lejos de su amada, habría muerto mucho antes ya que bebía mucho, recuerda Villacastín, que explica que los cuatro testamentos que había del poeta estaban a nombre de Francisca.

"Cuando me muera vas a poder comulgar" le escribió el poeta a Francisca.

El baúl azul acompañó a Francisca en todos sus viajes porque "era su vida" y acabó en la buhardilla de la casa de Ávila en la que vivió con su pareja posterior, su marido, el abuelo de Rosa Villacastín, un hombre muy culto que admiraba a Rubén Darío.

Su abuela fue siempre reacia a abrir el baúl y no lo hizo hasta que la también poeta Carmen Conde la visitó en su casa junto con su marido y le dijo: "Francisca, sólo venimos a acompañarle", frase que hacía referencia al poema que Darío le dedicó y que acababa con el verso "Francisca Sánchez, acompáñame".

 

 

 

 Fragmento : A Francisca, de Rubén Darío
Ajena al dolo y al sentir artero,
llena de la ilusión que da la fe,
lazarillo de Dios en mi sendero,
Francisca Sánchez, acompáñame...
En mi pensar de duelo y de martirio,
casi inconsciente me pusiste miel,
multiplicaste pétalos de lirio,
y refrescaste la hoja de laurel.
Ser cuidadosa del dolor supiste
y elevarte al amor sin comprender,
enciendes luz en las horas del triste,
pones pasión donde no puede haber.
Seguramente Dios te ha conducido
para regar el árbol de mi fe,
¡hacia la fuente de noche y de olvido,
Francisca Sánchez, acompáñame!

b2ap3_thumbnail_La-Jicara---Fragmento--A-Francisca.jpg

Data: Internet

 

UnderC2-Remodelacion2