Un pequeño cuento

UN PEQUEÑO CUENTO

Uno va caminando por la maleza cortada con el machete, sudado  por el arduo trabajo bajo el inclemente sol de verano, de pronto en un matorral donde cuelgan bejucos de escobilla y matorrales de papa miel, bajo un arbusto de cornizuelo se escucha un leve chasquido de un chischil. Le pido al muchacho que va a la par mía que no tire el machete con fuerza, que limpie suavemente el lugar y haga silencio.

Al acercarme al lugar del sonido, que sorpresa, una hermosísima cascabel enrrollada con un enorme chischil en su cola.Tenía casi cuarenta años de no ver una vívora de tal grosor. Cuento al menos ocho gonces del mismo chischil. ¡Cuidado! me dice Chirino, si se lanza lo mata. No te preocupes, le digo, que ellas más bien huyen a menos que se les moleste.

Me acerco con el celular, ella me ve con ojos amenazadores y pienso: Ojalá que el disparador de mi celular fuera mudo. Me acerco un poco y le tomo una, dos, tres...cinco fotos en la misma posición. Salgo, le digo al muchacho: Cojela con el gancho suavemente y jalá despacio para tomarle otras fotos y verla desenvuelta. El toma una larga vara con un gancho en la punta y cuando la quiere jalar, ella tiene recina en su cuerpo y escapa.

Le digo: no puede salir de aquí, es un lugar muy pequeño, comenzá a limpiar suavemente y fijate si la ves. Se acuesta boca abajo, me dice: Está a dos metros y de nuevo enrrolada. Llamo a tres más de los trabajadores y les pido que no la dejen salir. Comienzan a limpiar en posición contraria a la de nosotros, ella comienza a moverse a nuestro lado y la veo completa. Dos metros de largo.

Le digo: dejame tomarle otras fotos antes de matarla. Logro tomarle como diez fotos viva, tratando de esconderse en la maleza ya recortada, otras dos fotos queriendo enrroscarse de nuevo y... bueno con estas cosas no se juega. De un certero golpe en la cabeza, Chirino la deja medio muerta, le pone la bota en el cuello y la agarra, termina de matarla sin dañar su cuerpo, vemos que el chischil está quebrado. Le faltan algunos gonces, dice Camilo, debe tener como doce años.

¡Abrí su boca! le digo, y...cual sorpresa, dos colmillos a cada lado. Con razón llegan a matar hasta un buey, dice Tomaso.

Bueno muchachos, les digo, se acabó la fiesta sigamos trabajando.
Al llegar a casa meditaba: ¡Que belleza! si no fueran tan peligrosas...lástima. Le pedí perdón al Señor por matar a uno de sus animalitos; pero también recordé quien fue la culpable en el Jardín del Edén.

Noel Sánchez Serrano
Teustepe, Julio del 2010

 

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