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LA BAMBA: POR QUÉ ME GUSTA TANTO ESTA VERSIÓN

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Mientras miraba y escuchaba esta versión de la canción mexicana, La Bamba, interpretada por diversas voces de músicos del planeta, cada uno lejos del otro, me pregunté, por qué me gusta tanto este video y todos los demás de Playing of Change.

** Ver video al final del escrito.

Debe ser porque en ellos no hay barreras, ni culturales, ni religiosas, ni étnicas, ni políticas, ni de castas.

Debe ser porque de México puedo irme en segundos a la Argentina y regresar, sin más ni más, en sonido de arpa jorocha veracruzana hasta llegar a Los Ángeles.

Debe ser porque de Los Ángeles puedo viajar sin problemas a Cuba sin que me lo impida el bloqueo que EUA ha impuesto a la isla por más de 50 años, y sin que me lo impida Fidel por las razones opuestas.

Debe ser porque puedo saltar los mares y sentirme bajo el cielo de Australia, o de Argentina, o Colombia o de Malí, al mismo tiempo que, desde una banca de la Placita Olvera en el centro de Los Ángeles me dejo absorber por la voz de impacto de La Marisould.

Debe ser porque puedo andar de un lado a otro, como dentro de mi casa, "allá arriba y arriba", pues "yo no creo en fronteras", "yo cruzaré yo cruzaré" de de Santiago de Cuba a Cali, de Lukala a Veracruz y de Segou a Buenos Aires.

Porque puedo, de un solo golpe integrarme al improvisado coro de niños negros del Congo, y repetir al ritmo, con ellos: "bamba, bamba". Niños negros, manitos de aplausos, e irme en sus voces-caricias, hasta Novi Sad donde el serbio Nikola Petokovic hace sonar su guitarra, en el mismo lugar donde hace 17años la OTAN hizo sonar el terror lanzando centenares de bombas sobre inocentes de la antigua Yugoslavia.

Debe ser porque la canción mexicana que es himno para los veracruzanos es también una canción universal, por eso suena hermosa en lengua congolesa, en la voz de Baby Black Ndombe.

Definitivamente es cierto que el lenguaje de la música es universal.

Debe ser porque todas estas voces e instrumentos se han unido para hacer una cadena sin fin, sin fronteras, sin muros y sin alambradas. Todos enlazados haciendo algo hermoso. Y nosotros también, siendo parte de la hermandad, de la alegría global que en estos tiempos se ha vuelto tan imposible, unidad por la vida, una relación deseada por todos, o al menos, por la mayoría.

Juan Ramón Falcón

Masaya

 

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