La Jicara Orlando Gutierrez IntroArt

17 Años en Jinotepe : Parte II

LaJicara -17 anos en Jinotepe - parte 2

All you need is love ( John Lenon )

Con la familia paterna mi relación fue un tanto fría y distante desde siempre y siempre, son muchos años. Eran gente de trato rudo, áspero; nada cariñosos y excesivamente tacaños. Con la de mi madre ocurrió todo lo contrario, siempre hubo una relación familiar normal y en algunos casos entrañable pero, como los designios de Dios están escritos y se cumplen, mi abuelo Luis falleció cuando yo tenía sólo 12 años y a mi abuelita materna no la conocí porque murió mucho antes de que yo aterrizara en ¨La Quebrada del Perro¨ aquél 19 de Mayo que nadie recuerda y la Chana rociara con humo de puro chilcagre todas las arrugas de mi humanidad, para luego apalearme las nalguitas de tal forma, que me las dejó tan planas como lápida de mármol en cualquier cementerio que se precie de sus altos estándares de glamour y excelencia en el customer service.

Mi abuelita se llamaba Clara Aguilar Morales, hija Papa Higinio Aguilar y de Mama Juliana Morales. De todas suertes y a pesar de su muerte prematura, es ella quien me dicta todas las cosas bonitas que digo o escribo, porque - según me cuentan - era como una genio de otro planeta. Cuando lean ¨como decía la viejita¨o ¨como decía mi abuelita¨ ya saben que me refiero justamente a ella.

Mi tío René Salazar se perdió en el año 64 y nunca más tuvimos noticias de él. Se dijo que estaba en Rusia, que estaba en Cuba con las milicias internacionalistas o que lo habían visto en la zona Norte de Costa Rica con una novia originaria de Mexico de Upala. Pero la verdad es que nada de nada. El hombre desapareció para siempre y siempre, son muchos años. A veces me he preguntado si su desaparición tendría algo que ver con su participación activa en aquél famoso Movimiento 11 de Noviembre de 1959 cuando Lila Aguilar y Auxiliadora Parrales se tomaron el cuartel de Jinotepe, encabezando con Vidal Jirón y muchos otros jóvenes anti-dictadura, una de tantas escaramuzas mal armadas y mal planificadas para derrocar al régimen de turno, el que siempre fue de un Somoza porque los Somoza eran dueños del régimen de turno y el turno era propiedad de los Somoza (además siempre estaba un Somoza en el círculo de espera, casualmente esperando turno). Ese 11 de Noviembre, estas muchachas ¨la gorda y la flaca¨ lo único que lograron fue que el Comandante machetón y malencarado de nombre Coronel G.N. Rodolfo Dorn se orinara en los pantalones kaki bien almidonados y aplanchados que acostumbraba lucir.

Mi tío Luis Salazar, arquitecto por derecho propio, insigne guitarrista de blues y jazz, motociclista valiente, dibujante, pintor, músico, diseñador de casas, traductor simultáneo y más, formó su familia y se quedó a vivir en Jinotepe,

hasta que un día de tantos la muerte le sorprendió y le extendió su mano amiga, esa que no debemos rechazar porque si lo hacemos nos mata. Recuerdo

que cuando yo tenía unos doce o trece años, escribió una pieza musical comercial (años más tarde yo sabría que eso se llamaba jingle) para una empresa de buses que viajaba entre Nicaragua y Costa Rica, llamada Taisa.

Mientras él escribía la letra le surgieron algunas dudas y yo intervine, le sugerí cosas que tomó en cuenta por acertadas y creativas. Este hecho marcó mi vida para siempre, tanto, que abandoné la Ingeniería Civil después de 4 años para estudiar Publicidad, mi verdadera vocación que me deparó muchos éxitos en varios países.

Otra tía, llamada Teresa -hermana menor de mi madre- vive en Managua rodeada de hijos y nietos, pero no la veo desde hace más de 35 años. Destaco, eso sí, que mantengo relación con su segunda hija, Marcia Ivania y la hija de ésta, de nombre Mariana. Ambas excelentes y encantadoras personas. Mi esposa las quiere de manera especial.

Recuerdo con gran cariño a un primo hermano de mi madre llamado Edmundo Aguilar Berríos, hijo de José María, hermano de Clara. Estudiamos parte de la secundaria juntos y recibimos el título de bachiller en la misma promoción. Estudió Veterinaria y era un profesional distinguido, pero lo que mejor hacía era tocar piano, órgano y acordeón. Juntos, disfrutamos muchísimo nuestra juventud. Se me estrujó el corazón cuando me enteré de su muerte causas a la diabetes. Dado que teníamos la misma edad, en algún momento habíamos decidido que lo mejor era declararnos primos, actuamos en consecuencia pero no pudimos patentar el invento debido al costo de los timbres, el papeleo tedioso y las mordidas que exigían los empleados del régimen de turno, a cambio de hacerse los soviéticos con el examen del ácido desoxirribonucleico (o para ponérselas más fácil, el ADN) que aún no se hacía en Nicaragua.

A los doce años terminé la escuela primaria y la verdad es que este período, salvo rarísimas excepciones, fue una época aburrida, estéril e improductiva para mí. Nacer en esa década fue un error de cálculo, pues no imaginaba el aburrimiento galopante que se paseaba de un lado a otro de mi existencia, como Samuel de Belibeth, aquél sujeto raro a quien le apodaban ¨Judío Errante¨. El asunto estaba tan atrasado que todavía no se inventaba el diolén.

Los niños de esa época horrible jugábamos con trompos de madera, con canicas, con yoyos, con un aro viejo empujado por un alambre oxidado. Nada que nos dejara una enseñanza. Lo mejor que se podía hacer era andar en bici… ¿y si no la teníamos? De veras, de veras, mi infancia fue muy flat, común y silvestre. Tampoco se la puedo recomendar a nadie.

A veces nos llevaban al cine González (black & white) a ver filmes que no eran exactamente para niños, pero era lo único que había: películas mexicanas con María Félix, Pedro Infante o Jorge Negrete. El tema era siempre el mismo, se tomaban una botella de tequila (qué rico), cantaban corridos (qué feos), mataban a alguien (qué malos) y luego montaban sus caballos para poner pies en polvorosa (qué vivos). ¡Cuánta genialidad! Decían que eran actores y cantantes. Pero lo más simpático es que hoy en día, los mexicanos se siguen llamando igual, aunque solamente aparezcan treinta segundos en una telenovela llena de lágrimas, sangre, cuernos, pobres hijos sin padre que en algún momento se convierten en millonarios y muchas feas bigotonas, como les dice Tiziano Ferro.

Por ello es que ese lindísimo país al que admiro de veras, cuna de los increíbles aztecas y heredero de una cultura rica en matices de todo orden, es el que más actrices y cantantes, o más actores y cantantes, per jupa, tiene en todo el universo descubierto y por descubrir.

Había que ingeniárselas bonito para salir de la quietud rutinaria de aquellos tiempos. Año tras año, en todo el país y en muchos más, se recuerda a los muertos el día 2 de Noviembre y se acostumbra ¨maquillar¨ las criptas o tumbas previamente, para que las flores luzcan mejor cuando llegan los familiares a depositarlas en la citada fecha. Algunos van y hacen oración fervorosamente, otros llegan solamente por cumplir un requisito tradicional. Obviamente, mi madre cumplía con lo suyo acompañada por sus niños Orlando y Tania. Ignoro a cuál grupo de asistentes pertenecía.

Yo observaba cómo había en el cementerio gran cantidad de ¨pintores¨ improvisados, equipados con tres recipientes pequeñitos de pintura Sapolín (negro, oro y plata) y otros recipientes grandes con los colores blanco y gris; brochas, pinceles finos, una botella con gasolina y trapos limpiones.

Ofrecían sus servicios ¨profesionales¨ a los deudos que llegaban especialmente el 31 de Octubre y luego de un acuerdo en el que siempre ganaban los deudos, procedían a pintar la morada de quienes ya habían pasado a mejor vida. Pero lo que mejor se cobraba era la rotulación con letras góticas (nombre del residente, fechas de nacimiento y patatús y en muchos casos, alguna frase cursi), además se pintaban crucecitas, coronitas de laureles o palmitas o angelitos y otro tipo de pendejadas. Esto era un verdadero arte, decían ellos.

Resulta que cuando yo tenía nueve años de edad, el 31 de Octubre mi madre me buscó y no me encontró (¡@*+.:`^*+@@**). Le pasó lo mismo que dice Rubén en la canción de Pedro Navaja: Mira pa un lado, mira pal otro y no ve a nadie, esa mujer.

Se efectuó una búsqueda intensa casa por casa donde los familiares, en Central Park (o parque central de Jinotepe), en el lote que servía de estadio para nuestras prácticas de base ball (con bola de trapo, guantes de lona y un palo cualquiera; mejor si era de madroño, guayaba o café, porque no se quebraba), en la Iglesia (¡ que fé la de mi madre !) y quién sabe dónde más.

No me reportó al programa ¨Quién sabe dónde¨ conducido y creado por Paco Lobatón de la TVe, porque todavía no existían ni el programa ni la televisión ni Paco Lobatón. Seguramente lloró a moco tendido, pero la jornada de búsqueda no daba frutos positivos. Ya entrada la tarde, una vecina llegó a su casa y preguntó a qué se debía aquél movimiento inusual en la mía.

Otra vecina le contó el cuento, pero seguramente aumentado y corregido. Orlandito se había perdido y ya se habían perdido también las esperanzas de encontrarlo, porque alguna persona mala lo había secuestrado y estaban esperando el email o el mensaje de texto con el monto del rescate y el número de cuenta del secuestrador en el Banco Nacional de Winopia. Parece que el sujeto amenazaba con devolverme si no le pagaban. ¡Qué bien!

La señora puso sus ojos cuadrados del asombro y a voz en cuello dijo para que todos le escucharan: ¡pero si Orlandito está pintando lápidas en el cementerio desde temprano; me pintó la de mi mamá con unas letras y una coronita lindísimas, y me cobró caro el bandido! The End.

¿Y la música? Si es que no había nada bueno y mucho menos una variedad para escoger, además, el menú era totalmente mexicano: (Amorcito corazón yo tengo tentación de un beso…”$%/&()=?¿¡ - Sabor de engaño tienen tus ojos cuando me miran, sabor de engaño tienen tus labios cuando me besan… -´+*^`¡’@)0/&). Porque el jazz y el blues no eran música comercial, solamente la interpretaba la orquesta Jazz Carazo, en la cual mi padre tocaba el sax tenor y lo hacían exclusivamente en fiestas especiales; en los Clubes Sociales, decían los ¨high class¨. La gente VIP. OMG !

Sí, por aquellos días ya existían los ¨aires de grandeza¨, la gente VIP y desde luego, la discriminación entre seres humanos todos iguales. Pero como decía la viejita: ¨hay unos más iguales que otros¨. Yo tuve mis arrebatos de esos aires estúpidos, pero cuando ingresé a la Universidad de Costa Rica me los quitaron en un ratito, ahí éramos realmente todos iguales y nos inculcaban esa filosofía de vida un día sí y otro también.

Lo único bueno de haber nacido por aquellos días, fue que ya éramos adultos jóvenes para cuando los años hippies. Eso sí fue super nice, so cool (If you are going to San Francisco/Be sure to wear some flowers in your hair/ If you are going to San Francisco/You are gonna meet some gentle people there …). All you need is love. Todo amor y paz… y algo más, y más y más.

Unforgettable ( Beege Adair Trio & Nat King Cole )

El paso a la secundaria suponía -per se- la entrada a la adolescencia; un posible cambio de voz (la mía siempre fue potente y grave); algún día el bigote incipiente (todavía hoy me cae mal el tener que afeitarme, pero más mal me cae no hacerlo un solo día porque me siento sucio y más feo, parezco un hueso con hormigas); aunque eran tiempos bostezables, ya uno pensaba en tener novia y desde luego, todos creíamos que terminado el bachillerato nos convertiríamos en los amos del mundo. Esto sí es sabor de engaño.

Yo no lo imaginaba, pero el primer año de la secundaria sería para mí, el último en el IPD, lo decidió mi padre ¨Hollembecker¨ y donde manda Capitán es porque no hay Coronel ni General. Lo terminé igual que los anteriores, sin sobresaltos de ningún tipo pero curiosamente, no hubo nostalgia en mí por el paso obligado a otra institución de enseñanza.

Mi madre, en cambio, lloró desconsoladamente porque ella me veía como todo un bachiller La Salle y difícilmente podía hacer algo para que este su sueño se convirtiera en realidad. (Y qué diablos sería la diferencia entre un bachi La Salle y un bachi INJJR? Ninguna, absolutamente ninguna, excepto que se gastaba más dinero innecesariamente en la solemne, fastuosa, rimbombante y glamorosa ceremonia del IPD). Podéis jurarlo hasta con los dedos de los pieseses, el izquierdo y el derecho. Con lo aprendido en mi recordado INJJR hice el examen de admisión de la UCR en Diciembre de 1959 lo aprobé sin problemas y con alto porcentaje, tanto así que pude matricular Ingeniería Civil, carrera con cupo restringido con nota mínima de 95%. Así era la enseñanza de mi querido colegio.

Doña Hazel era una madre joven, muy joven. Si cuando cumplí los once ella estaba por cumplir 26. Una mujer de piel clara, cabello castaño y ojos claros; con un lunar sobre el lado izquierdo de su labio superior, de estatura promedio y tirando más a gordita que a modelo europea. Destaco de ella que era muy coqueta, le gustaba vestir bien, lo mismo que maquillarse, peinarse y demás ¨arses¨ propios de la vanidad femenina. Pero además de ser buena madre, había algo que la distinguía y era su gran capacidad para el trabajo, nunca se conformó con lo que tenía, siempre luchaba por algo más. Estaba imbuida de un gran espíritu de superación, lo que la alejaba por completo de cualquier síntoma de mediocridad. Igual que su padre, escribía muy bien, con una letra y ortografía envidiables. Además de amar a su esposo y a sus hijos tenía otro gran amor que no ocultaba: Costa Rica.

Cada vez que podía, por placer o por negocios, viajaba a su querida Costa Rica en donde cultivó numerosas y muy buenas amistades. Así era doña Hazel Jackeline Salazar Aguilar, pero cuando se enojaba, era en serio.

Soy orgulloso de haber crecido en Jinotepe, cuna del Instituto Nacional Juan José Rodríguez, institución propiedad del Estado, de gran prestigio por la alta calidad de su enseñanza. Se dedicaba únicamente a los estudios secundarios y recibía estudiantes de ambos sexos (mujeres y hombres; mariquitas, no) procedentes de diversos lugares del país.

Me hacía ilusión estudiar en este colegio, entre otras razones porque no se usaba uniforme y mucho menos la odiada corbata; no habían curas españoles ni de otra nacionalidad; no debíamos asistir a misa todos los días ni confesarnos con un fisgón cada vez que nos obligaban a ello; habían chicas y esto era un gran atractivo; ya no debería viajar en taxi o estar interno en el colegio (en este punto me equivoqué); aquí estudiaba mi primo Edmundo; en fin, todo pintaba muy bonito. Pero no todo en la vida es color de rosa (solamente los vestidos de las niñas para sus 15 años, hace 15 años) y las rosas tienen espinas.

Durante mi primera semana en el INJJR muchos compañeros me trataban bien, me ofrecían su amistad y colaboración para orientarme en lo que fuese necesario, pero también había un sector nada despreciable, que me rechazaba. En ambos casos el motivo era mi procedencia del colegio La Salle y el delito, que era colegio privado y que ¨era para gente de plata¨. Tenía razón mi abuelita cuando decía que habían unos más iguales que otros. Todos los profesores me trataron de excelente manera y como estaban enterados de mis calificaciones anteriores, me sometían a prueba cada vez que podían y esto me encantaba, porque me permitía demostrar quien era el flaquito de voz grave y fuerte, conocido en el ambiente de la farándula internacional como Orlando Gutiérrez Salazar. Más tarde me llamarían ¨Dexi¨.

Y en el caso de los estudiantes que me rechazaban, simplemente me obligaron a sacar la casta (la que no pudo cambiar totalmente la maestra Teresita). Con buen rendimiento académico, pleitos provocados por mí, travesuras de variada índole y una especial empatía con las chicas, pude vencer los prejuicios en poco tiempo, de tal manera que después de uno o dos meses ya era un alumno como cualquier otro, aceptado por la comunidad estudiantil.

No hay duda de que tuve problemas para adaptarme. Por mucho que me gustara el ambiente y el sistema educativo, en los inicios me sentía raro. Yo no estaba acostumbrado, por ejemplo, a compartir con chicas y si eran bonitas, el asunto era un poco más difícil. Me costó soltarme, porque en La Salle la disciplina era férrea y aquí no, pero todo sucedió para bien. ¡Qué bien!

Decía mi abuelita que ¨el hombre propone y Dios dispone¨ y resulta que como feliz coincidencia, por esos días iniciales de 1956 Dios dispuso que, por razones de trabajo, mi padre trasladara su residencia con familia incluida a unos 30 kilómetros de Jinotepe, en la zona de Casa Colorada. Este año vería el fin de la dictadura del Gral. Anastasio Somoza García, el primero en turno, quien sería asesinado en Setiembre allá en León, la ciudad de El Sesteo, de la cantina de Colmena y de la linda Esperanza Torres, hermana de Hugo. Este acontecimiento desencadenó una época de crisis con estado de sitio, ley marcial, represión y en general, un estado de miedo e incertidumbre que hacían la vida mucho más inestable y triste que de costumbre. Pero ni modo, el show tenía que seguir, como en efecto siguió.

1956- Este fue el año en que se filmaron dos de las más grandes películas del siglo XX: The Searchers, un western de John Ford y una de ciencia ficción llamada Invasion of the Body Snatchers, de Don Siegel.

También en este año, el famoso e incomparable Mickey Mantle, center fielder de los New York Yankees (el equipo de mis amores) ganó la triple corona –bateo, home runs y carreras impulsadas- y el gran pitcher del mismo equipo, Don Larsen, lanzó su juego perfecto o lo que es lo mismo: no le batearon de hit y nadie llegó a primera base. Tampoco hubo errores de su equipo durante el encuentro. Yo debí esperar hasta 1973 para sentarme más emocionado que hormiga en queque de boda, detrás del home plate en mi querido Yankee Stadium. Fue la primera de muchas veces; en unas he celebrado, en otras me he agüevado.

Ese traslado de la familia significó para mí, seguir interno en el colegio, o en casa de una tía de mi madre llamada Leonor Aguilar Morales, solterona de avanzada edad y carácter infumable.

*(Pregunta Pepito a su tía solterona –Tía por qué nunca tuviste niños?

Porque la cigüeña nunca me los quiso traer.

Y por qué no cambiaste de pájaro?!)

Leonor o la Noya, como le decían, vivía más solitaria que el ¨Llanero¨ en la casa solariega y esquinera construida por sus padres, Papa Higinio y Mama Juliana (ambos fallecidos). A mí me fastidiaba la vida sin mi familia cercana, en solitario también como la tía Leonor, pero era invaluable la libertad en que me desenvolvía.

Tenía libertad para todo, tanto que mis compañeros lo envidiaban y hasta me preguntaban cómo era vivir así. No hay duda de que esta situación me llevó a una madurez más temprana y me sería utilísima en los años siguientes. Esta es pues, la feliz coincidencia a que me refería.

Había que tomar los estudios más en serio porque ya no era la primaria. Estudiábamos materias más complejas y el sistema de enseñanza de este colegio, nos trasladaba gran responsabilidad a los educandos; los profesores no acostumbraban estar detrás de cada uno para obligarle o ayudarle a estudiar. Recuerdo que sentí gran interés por algo que para mí era desconocido: el Algebra. Me gustó tanto que resultó la materia más fácil, contrario a la gran mayoría de mis compañeros. La impartía una señora ya mayor que decía ser graduada en matemáticas por una prestigiosa universidad de los Estados Unidos; se llamaba doña Chalía. Tal vez por su edad, no era muy estricta en cuanto a la conducta de nosotros mientras ella impartía su lección, de tal manera que un buen día me aproveché de esa coyuntura histórica para darme a conocer y romper el hielo con los estudiantes que no me aceptaban.

Cuatro chicas estaban en nuestro grupo de 25 estudiantes del segundo año de secundaria. Por una directriz del colegio, más que por caballerosidad, ellas se sentaban en primera fila.

Desde mi llegada, decidí sentarme en segunda fila, detrás de las dos más bonitas, ABC y XYZ. Cuando el profesor o profesora entraba al aula, los estudiantes debíamos ponernos de pié y pronunciar el saludo de rigor y en uno de estos trámites protocolarios cotidianos decidí halar hacia mí, la silla de mi compañera XYZ justo cuando iba a sentarse.

Cayó de espaldas con las piernas hacia arriba, ante el asombro y posterior enojo de doña Chalía y un estallido de risa de todos los estudiantes (incluidas las chicas). Que gané puntos con mis compañeros… sí los gané, pero me expulsaron de la institución durante una semana y cuando regresé, debí disculparme ante la bonita víctima y todo el grupo.

La chiquilla me odiaba y fue causas a ello que comprobé la veracidad de aquél decir de la gente: del amor al odio (o viceversa) no hay más que un paso. Para las vacaciones de medio año ya éramos noviecillos y por dicha, no por mucho tiempo.

¡Claro! Porque quien me gustaba de veras era ABC; más extrovertida, más alegre, bromista, un tanto independiente e igual que las otras, muy inteligente; la menor de cuatro hermanas y por su apellido, perteneciente a la misma tribu mía. Ya teníamos 14 años, lo normal para estar en el segundo año.

My way (Paul Anka - Frank Sinatra – Elvis Presley)

La cosa es que un buen día decidimos ser novios ABC y yo. ¡Qué bonito! Y hasta inventábamos estudiar juntos en su casa, para poder – al menos – tocarnos las manitas sudadas y darnos besos por escrito. Pero después de unos meses de estar en ese oasis, la madre de esta chica sospechó algo y le pidió que me recomendara ¨pedir permiso a sus padres si es que quería ser su novio¨. Además agregó ¨es un buen muchacho, educado, inteligente, conozco bien a sus padres pero por respeto debe pedir permiso¨. Esa costumbre me parecía ridícula, aunque toda la gente la observaba y además de responder en estos términos a la susodicha involucrada, me prometí que nunca haría tal cosa.

Casi emulé a mi abuelita cuando decía al pasar por el cementerio en el que estuve perdido todo un día: ¨Antes muerta, que enterrada en ese cementerio tan feo¨. Al poco tiempo, más por conveniencia y tranquilidad, decretamos muerto al amor, aunque siempre hubo algo especial entre nosotros. Tanto así que luego de bachillerarnos y al enterarse de que yo estudiaría fuera del país, lloró, me abrazó y me besó. ¨Creí que nunca te dejaría de ver¨ dijo. Y así fue: nunca más nos vimos y no precisamente por habernos quedado ciegos.

Esa promesa – de no pedir permiso – la cumplí cabalmente; siempre tuve el ingenio para esquivar tal solicitud y cuando no había alternativa, sencillamente se mataba al amor y más ná. (¨Sicario del amor¨ aunque no soy colombiano).

En este sentido hay un detalle curioso al que nunca encontré explicación: tanto en segundo como en tercer año, muy pocos muchachos se interesaban en tener un amorío. Tal vez eran muy tímidos, porque mariquitas, no.

Incluso, al primo Edmundo que pertenecía a mi grupo, me costó bastante hacerlo entrar al gremio de los donjuanes. Desde luego que después de la primera, no lo paró nadie.

Consciente de que era una virtud que no a todos nos da la naturaleza, nunca abandoné la práctica del dibujo. En este colegio los profesores solicitaban mi colaboración para hacer ilustraciones en láminas de cartulina o en la pizarra y con ellas apoyaban sus lecciones en diversas materias. Yo lo hacía con gran placer.

Mi sentido del humor no había sufrido cambio alguno y en una de tantas, decidí hacer una broma a un compañero que por algún problema digestivo, eructaba constantemente, a toda hora y en cualquier lugar. Se me ocurrió crear una pastilla anti-eructos a la que llamé ¨Eructil¨. Diseñé el correspondiente empaque, un afiche y un folleto ilustrativo para ¨su lanzamiento al mercado¨.

Dentro del empaque inserté 4 ¨píldoras rosadas¨ que conseguí en la botica más cercana, propiedad del Dr. César Castrillo y desde luego, llamada Santiago, igual que la iglesia y el hospital. El empaque lo hice tan, pero tan bien, que parecía real; este material fue la sensación para todos los compañeros y motivo de bromas y risas a costas del pobre muchacho quien llegó incluso a retarme a los golpes, mas yo no estaba interesado ni en un solo round contra este compañero buena gente y eructón. Ya no era yo el chico impulsivo del colegio La Salle y meditaba mejor mis acciones, así que decliné el honor del combate aunque ello permitiera a mi retador, decirme ¨mariquita¨. Pero los mismos compañeros se encargaron de aclararle: mariquita, no.

El impacto de mi broma llegó rápidamente a conocimiento del Director del colegio, quien me solicitó crear un escudo para la institución y el anillo de graduación para la promoción de bachilleres. Esta petición me satisfizo en demasía y procedí de una vez con el diseño del escudo; en su momento, fue aprobado por profesores y alumnos. Pero manifesté al Sr. Director que el anillo de graduación lo diseñaría con especial dedicación, para la promoción de bachilleres del año 1959 que sería la mía y de mis compañeros.

Por esos años, en el periódico La Prensa se publicaba diariamente una historieta llamada Buck Rogers, personaje de aventuras espaciales que se hacía acompañar por un niño de nombre X-10 y al que llamaba ¨Dexi¨. Este fue el apodo que alguien en el colegio me endilgó y lo hizo porque yo era en realidad, un muchacho inteligente y muy listo. Mis calificaciones y los profesores así lo decían. (Ese alguien se llamaba Sergio Cordero Gómez ¨Corderón¨, un gran compañero, un gran amigo).

Ya no extrañaba tanto a mis padres y hermanas, me acostumbré a vivir solo, aprendí a ser más ordenado y disciplinado, maduré sicológicamente, fui más extrovertido y autosuficiente, me comunicaba fácilmente con cualquier persona y todo este cúmulo de experiencias, me sirvió grandemente en mis años de universidad.

Hoy, al escribir estas notas sobre mi vida, me gustan muchísimo y entiendo muy bien deportes como el fútbol, el basket ball, el tennis, el golf. Me apasiona el automovilismo (lo practiqué por varios años ya casado y parido; realmente me fue bien y coleccioné bastantes trofeos) y disfruto las disciplinas atléticas de pista y campo, pero el amor de mis amores es el base ball, preferencia que comparte con la música, especialmente el jazz, y otros ritmos como el R&B, el blues, el rock clásico, el bossa nova, la samba y la salsa. Dicen los que saben hablar, que hijo de tigre sale tigritititico y musicalmente hablando, mis hijos Patricia y Orlando son apasionados del jazz. Mi hija Patricia también heredó de mí el gusto por las motocicletas y pasea en grupo por el país en una linda BMW 650cc, su esposo le acompaña en una BMW 1200cc.

Cuando nació mi hijo Orlando José (conocido hoy en el mundo artístico de Guatemala como Orlo Gross), me hice la promesa de enseñarle a jugar base ball. No contaba con que al chiquillo nunca le gustó. Ahora que tengo un lindo nieto de 10 años (Patricio Díaz Gutiérrez), mis esperanzas han renacido, porque a él sí le gusta. Le estoy enseñando a batear la pelota y lo hace con gran tino y mucha potencia.

Cómo han pasado los años ( Dyango )

(Cómo han pasado los años, cómo han cambiado las cosas…) Así inicia una bonita canción que algún día cantara Rocío Dúrcal y años más tarde interpretara el también español Dyango, a ritmo de Jazz.

Y es verdad ¡Cómo han pasado los años! 1959 dice el Almanaque de Mejoral. Ya estamos en quinto año de secundaria estudiando con más ganas, para terminar nuestra etapa de colegiales coronada con un diploma de bachiller. Todos con la gran ilusión de ingresar a la universidad y prepararnos para enfrentar la vida como hombres de bien, con dignidad y sabiduría.

Hay una fórmula sencilla y eficaz para ser un estudiante exitoso, la tengo probada y es la siguiente: 1- Hay que valorar en toda su dimensión, lo bueno que es estudiar, como un medio para procurarse una vida digna y un lugar en la sociedad; 2- Hay que valorar también, en su verdadera dimensión, el entretenimiento y la diversión como un complemento para la paz mental y espiritual, que nos ayuda a estudiar mejor y disfrutar la vida; 3- Con esa visión en su contexto real, hay que llegar al aula dispuesto a aprender y a superarse; 4- Pongamos todos nuestros sentidos en la charla del profesor, sin distracciones de ningún tipo; 5- Si hay algo que nos crea dudas y no entendemos bien, tengamos la honestidad de preguntar en su momento y con claridad; 6- Seamos humildes y aceptemos que venimos al mundo para aprender algo más cada día; 7- Compartamos conocimientos con nuestros compañeros; 8- Establezcámonos un horario fijo para leer el material de estudio y preparar los ejercicios que se nos encarguen; 9: Observemos la disciplina en todo nuestro accionar; 10- Disfrutemos al máximo de todas las materias y no inventemos fantasmas en donde no los hay.

Me pregunto por qué hay estudiantes que llegan al aula, escuchan la charla académica y luego dicen ¨no entendí nada¨. Pero esto no les sucede cuando conversan con alguien o escuchan un chisme. ¡Todo lo recuerdan de punta a punta!

Fui un buen estudiante, pero también me divertí en muchas formas y no acostumbré ¨estudiar y repasar¨ hasta el cansancio, o peor aún, trasnochar para ello. ¡No es necesario!

Ya lo dije antes, estamos en 1959 y se me ha aprobado el diseño para nuestro anillo de graduación. Propuse y me fue aceptado, no usar una piedra preciosa porque todos los colegios lo hacen. Este anillo tendrá sus matices y originalidad, basado en oro amarillo y oro blanco. Yo feliz y orgulloso con el diseño.

El año anterior se produjo una película de Alfred Hitchcock que me dejó impactado: ¨Vértigo¨ y su personaje principal era la bellísima Kim Novak. Me enamoré de ella. También de Hitchcock pero de 1959 fue North by Northwest; del mismo año fueron Ben Hur, de William Wyler y Anatomy of a Murder de Otto Preminger. Y en este año 1959 se inició una película de terror que todavía no termina: el tirano comunista Fidel Castro se hizo del poder en Cuba mediante la guerra de guerrillas (inventada por Augusto Calderón Sandino a finales de los años 20 en Nicaragua). Posteriormente, fusiló en el paredón a todos los que no pensaban como él, eliminó la propiedad privada y desapareció de la faz de la isla cualquier asomo de libertad, de cualquier tipo, para sus ciudadanos. Su régimen despótico todavía no termina, para afrenta del mundo libre y democrático.

Hablo de películas, primero porque no son mexicanas

LaJicara - 17 anos en Jinotepe - El Elencoy segundo, porque al escribir para ustedes estos párrafos se ha proyectado frente a mí un film apasionante, aleccionador, nostálgico y muy divertido; es el film de esta vida mía que con la ayuda de Dios, de mi familia y de mis amigos, tiene en su guión más alegrías que tristezas, más triunfos que fracasos y aunque nadie me postulará al Oscar por haberlo interpretado, me ha hecho un hombre feliz y me ha dado el inmenso orgullo de ser protagonista junto a un maravilloso elenco encabezado por mi esposa, mis hijos, mi yerno y mis nietos.

Termino aclarando por qué este artículo tiene algunas palabrejas en idioma Inglés: 1- Todo lo que ustedes han leído ha sido tomado de mi autobiografía y ésta, tiene como punto de partida musical el sound track de As Time Goes By, la película preferida de mi esposa; 2- Porque me divierte hacerlo para variar, no me gusta ser monótono aunque a veces parezco mono; y 3- Porque me da risa la gente que se enoja por ese detalle ¨bilingüe¨ que no perjudica a nadie y la risa es remedio infalible.

Estimados amigos que me leen: no he podido terminar hoy este relato porque es muy difícil resumirlo más. Solicito su paciencia y comprensión para terminarlo el próximo lunes; todavía no me he bachillerado, no se ha efectuado la fiesta de graduación y desde luego, quiero contarles de mis últimos días en Jinotepe. Cuento con ustedes. Muchas Gracias.

 Y usted… qué opina?

 

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