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El Empeño Fecundo.

 

No voy a discutir a continuación con esta acotación como un crítico de arte –pues no me considero uno-, sino como un admirador y forofo del arte en general, no basta impregnarle al artista importancia por su cronología, o representatividad histórica en determinado país, como suele suceder cuando nos enseñan erróneamente que el mayor en edad es quien tiene la razón pues goza de mayor experiencia, o en este caso de ingenio, no es del todo cierto dicha afirmación, la honra se debe dar a quien la merece, en el caso del artista al de la obra más laboriosa e inteligente, pues son estos los fundamentos que destacan a la obra de arte como “Importante”. Bien, una vez que ha quedado claro que la importancia no se interpreta basándonos en la cronología sino además en el talento descubierto de la obra, dejando al lado las opiniones de la muchedumbre que tantas veces suele ser seguidora y que se elevan en bandada como las aves, puedo afirmar con el mayor ánimo que Alberto Ycaza es en lo que respecta a las artes plásticas nicaragüenses uno de los artistas de mayor ingenio en la historia cultural de nuestro país, solo basta mirar sus obras, y es que cuando se mide a un artista en comparación con el resto se examina analizando la complejidad de sus composiciones (objetividad científica, histórica, razonamientos intelectuales, conocimiento de la perspectiva; lineal, atmosférica, etc.) así como su originalidad y la profundidad de los mensajes plasmados en la obra, por ello considero a Ycaza un artista superior. Con este señalamiento estoy seguro que causaré incomodidad en los seguidores de las obras del gran Armando Morales, el legendario Rodrigo Peñalba, Alejandro Aróstegui,  con mucha razón, idolatrados, por sus numerosos seguidores y barbudos imitadores.

No obstante me mueve mi fascinación y mi percepción estética por la obra de Ycaza; quien sobretodo admiro por sus obras con influencia clásica e italianizante. Estoy seguro que sabrán perdonar este desliz pues el agravio solo se sufre cuando no se advierte comprensivamente la debilidad de otros, siendo pues mi debilidad el arte renacentista, manierista, barroco, romántico, clasicista, de los cuales Alberto Ycaza aprendió, enfrentando con inteligencia su obra con la modernidad en detrimento fascinada por los urinarios firmados y los lienzos desperdiciados; ensuciados con pintura, como presumía el inmaduro Marcel Duchamp[1] (1887) y el poco intuitivo Joseph Cornell (1903-1972).

Ycaza como aprendiz de las tendencias artísticas de los grandes maestros clásicos supo impregnarle a su obra un sentido filosófico racional, es como estudiante cuando dijo ”yo no crié la rueda pero yo uso la rueda”, y como maestro cuando promulgó “las deducciones lógicas como yo las veo no son físicas sino metafísicas”, ya que este gran autor miraba la realidad no solo del arte sino de la humanidad en general; no solo desde una arista de punta, sino desde todos los ángulos que rodeaban a dicha realidad objetiva, como lo plasmó en su pintura titulada “La virgen del nuevo mundo[2]”, es aquí cuando profesaba tener principios lógicos católicos; es decir una realidad o visión más grande, una verdad no superficial, sino una cosmovisión universal del mundo, por ende de la humanidad, como no estar de acuerdo con Ycaza cuando nos manifiesta que se deben ver los temas desde distintos puntos de vista, o pecaremos de soberbios al creer que nuestra realidad o verdad es la absoluta, ah triste pecado capital ejerceríamos entonces.

 

El clasicismo se ha sostenido progresivamente a lo largo de toda la historia del arte occidental como una tendencia cardinalmente empleada por los intelectuales de las distintas formas de arte, su período más notable se dio durante los siglos XVII y XVIII y parte del XIX proliferó enormemente con el estilo Neoclásico, desarrollándose posteriormente en las Academias de arte como el clasicismo vanguardista de las primeras décadas del siglo XX. En la actualidad, a pesar de la proliferación de estilos multitudinarios e irracionales –antiartísticos- y de concepciones de la belleza, se continúan manejando los caracteres consagrados por la costumbre clásica, sobre todo en la pintura, no estoy de acuerdo como suelen resaltar algunos críticos que dicha tendencia en nuestros días se haya disipado, dejando dicha tendencia su condición de canon artístico universal.

 

No pretendo izar una verdad absoluta tan solo reflejar en este modesto estudio mi opinión, sin otro efecto que decirlo. En Ycaza ha sido su amor por la bella ciudad colonial de León -fundada por Francisco Hernández de Córdoba-, una de sus grandes fuentes de inspiración, adoptando en sus obras las creencias populares religiosas de la cristiandad de su pueblo natal, sus obras filosóficas nos invitan a pensar, creo yo que su popularidad y aceptación general se basa en que su pintura posee un sentimiento profundamente cristiano –a pesar de la influencia oriental en parte de su obra-, he ahí la fe, mismo que nos inspira como Job un cuestionamiento interior de la naturaleza humana frente a su creador, he aquí su filosofía. Su luz dorada es parte de su clima eclesiástico, sagrado, de su mundo pictórico, en sus pigmentos explica y describe el ambiente ultraterrenal de sus composiciones místicas, celestiales. También por todo esto se puede caracterizar a Ycaza como un artista clasicista en su ultima etapa, a pesar de que algunos críticos se resistan a encasillarlo como tal y emprendan una labor colosal en aras de sobrevalorarlo, es ético decir que su obra expresa una enorme significancia clasicista es por ello que este, tanto se identifica con Darío pues el poeta en su interior miraba el mundo con igual sentido estético.

Icaza no se puede concebir como un simple pintor, sino además un filósofo de la teoría del arte que sabiamente utilizó la pintura y el teatro para plasmar en su arte sus ideales. En muchas de sus pinturas las imágenes percibidas son figuras etéreas, quizás oníricas, pero más probablemente sean fruto de su excelsa imaginación y brillante cognición filosófica de la naturaleza del universo según el idealismo aristotélico, del que él también era estudioso.

La expresión clásica o clasicismo refieren la tendencia o modelo a seguir por parte de diversos estilos, sin importar el tiempo donde estos se pongan en práctica, es cierto que el clasicismo tuvo su origen en la antigua Grecia aunque tuvo un mayor realce estético en la historia cultural a partir del renacimiento, igualmente el término “clásico” hace alusión al periodo histórico o la calidad de una obra literaria, plástica o musical que tiene sus raíces sembradas en los iconos del arte clasicista. Entonces, dejemos claro que el vocablo o expresión “clásico” se utiliza primariamente para representar el estilo o espacio de una obra creativa, examinada como modelo artístico o como instauración de preeminencia y mérito cultural intemporal a pesar de su génesis griega. Creo fervientemente que la búsqueda del ideal artístico de este gran pintor nicaragüense lo encontró en sus últimas obras con la etapa clasicista, en donde manifestó con un estilo propio sus ideales, utilizando la experiencia histórica de los grandes clásicos del arte pictórico.

 

Sabemos que Alberto Ycaza a lo largo de su obra fecunda logró una madurez artística gracias al transcurso de distintas etapas, prueba fehaciente de mi tesis, sobre que Alberto Ycaza alcanzó su finalidad artística o mejor dicho, logró encontrar plenamente el expresar el Nacimiento de su idea filosófica del mundo, hay distintos puntos de vistas referente a esto; sobre las etapas artísticas de Ycaza, los más serios los ha logrado sostener Jorge Eduardo Arellano, Pablo Antonio Cuadra, El escritor y ex Secretario General del Consejo Superior de Cultura Julio Valle Castillo, el Dr. Carlos Tünnermann Berhneim y Dolores Tórrez, concuerdo con algunos de ellos en determinados aspectos, son bastantes interesantes las reflexiones de Jorge Eduardo Arellano cuando califica la obra Icaziana de forma seria a partir de 1963 en donde el artista promueve distintos paisajes marítimos y espaciales, no obstante el Dr. Carlos Tünnermann Berhneim dice al respecto que Ycaza siendo apenas un adolescente[3] –a los catorce años- ya promovía su modo de pensar en sus obras expuestas en la Universidad Nacional Autónoma de León (1959), posteriormente Arellano cree que es en 1967 con sus escenas de teatro y vanidades de parafernalia estilo Wateau es que Ycaza inaugura una segunda nueva etapa de producción artística, posterior a esta ya en 1970 en las obras expuestas en Costa Rica donde tienen un gran predominio sus dibujos alegóricos o emblemáticos que presentan un contraste (claroscuro) muy al estilo Goyesco, Tünnermann refiere que es a partir de 1972 que se hace presente en la obra de Ycaza la etapa surrealista donde se presentan elementos orientales de características persas, egipcias, asimismo retoma algunas particularidades de la cultura maya y pompeyana, ámbitos laborales estos últimos que dieron origen a su obra mejor lograda y aceptada por él mismo como lo son sus obras de belleza clásica, “…su crítica radical del arte moderno y de todo tipo de vanguardismos, proponiendo, a través de citas de Darío y de pintores renacentistas, una restauración del arte clásico[4]

 

En otras palabras los estudiosos parecen estar de acuerdo que el artista en su producción tuvo distintos procesos de madurez, esto demuestra mi argumento de que Ycaza poseía una búsqueda de excelencia artística -como es propio de los grandes artistas- que lo logró finalmente en su madurez como el mismo lo expresara en la teoría sobre el arte formulada en su libro Utopía Clásica, es decir que para este su labor fecunda llegó a su plena comprensión con sus obras finales, que presentan en la complejidad de sus composiciones “soluciones clásicas a los problemas producidos por las modas”, Ycaza tubo una basta producción de obras de arte, en este ensayo solo hemos estudiado al Ycaza pintor, la cosmovisión de Ycaza se dio cuenta ya en su madurez artística que era conservadoramente clásica, estudio magno que lo llevo a diversas maneras (técnicas con tendencia barroca, abstractas, impresionistas y neosimbolistas) de trabajar anterior a su percepción ideal clasicista, de darle respuestas a los problemas planteados por la perspectiva (bidimensionalidad y tridimensionalidad de las obras de arte, profundida y espacio, color y formas, etc.), en sus obras demuestra el enfoque mismo con que el pensador miraba no solo su vida sino de igual forma la de sus semejantes, tal como el lo expresó: “Desde hacía algún tiempo había descubierto la discusión que, desde el siglo XVI, se había producido entre aquellos que proponían el modelo de la nación-estado como común denominador de un internacionalismo deshumanizado por una dialéctica materialista contradictoria, y quienes proponían al ser humano como común denominador de un universalismo, o catolicismo, ordenado por una lógica cristiana capaz de crear y conservar la estabilidad característica de un estado cultural civilizado[5].”

 

Alberto Icaza (León-Nicaragua, 1945 / San José-Costa Rica 2002) falleció de un aneurisma cerebral en San José de Costa Rica, ciudad en donde residía desde la década de los años 80. Por aclamación reconocido como uno de los más grandes pintores de Nicaragua fue con razón declarado aún en vida “Hijo Dilecto” (1999) de su natal León, reconociéndolo la nación como “Ciudadano del siglo XX de Nicaragua” (2000), en mi humilde opinión el pintor de mayor talento estético y complejidad, el que será más recordado por las generaciones futuras y gustará más pues solo el tiempo da la razón a quien la merece y la gloria a quien ha luchado por ella, fue también un brillante intelectual heterogéneo quien además se expresó a través del teatro[6] como dramaturgo, director y actor, de hecho en mayo[7] del mismo año de su muerte formaría parte de La Academia Nicaragüense de la Lengua conformándose la honorable institución con adjudicarle post-mortem, homenaje insigne que demuestra la preponderante figura del artista en la historia cultural de nuestra amada Nicaragua.

 


[1] Artista dadaísta francés, cuya obra ejerció una fuerte influencia en la evolución del arte de vanguardia del siglo XX. Nació el 28 de julio de 1887 en Blainville, y era hermano del artista Raymond Duchamp-Villon y del pintor Jacques Villon, parte del movimiento –decadente- impulsador del dadá y el Pop Art. En 1955 Duchamp se nacionalizó estadounidense.

[2] XXIII Premio internacional de arte contemporáneo de monte carlo (Mónaco), Prix d`art sacré.

[3] Desde que tenía catorce años formó parte del grupo de arte universitario ATELIE.

[4] Cuadernos de la plástica nicaragüense, Ensayo de Álvaro Urtecho (1995)

[5] Tiempo de Inestabilidad, Ensayo de Alberto Ycaza.

[6] Durante la década del 60 su vida teatral la administró como director y actor, fundando el grupo teatral “Atelier de Teatro Rubén Darío”, también escribió diversas obras de teatro entre las cuales destacan (presentadas en 1968 en San José-Costa Rica) Asesinato Frustrado, Ancestral 66 y Escaleras para embrujar el cielo.

[7] Lamentablemente Ycaza en aquella ocasión no logró asistir a la ceremonia honorífica debido a su deteriorada salud.

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