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SE VENDEN ENGAÑOS

SE VENDEN ENGAÑOS

En el hermoso escrito de Eduardo Galeano "Me cai del mundo", que da para reír, llorar, enojarse, meditar, el escritor uruguayo dice “El que tenga menos de 30 años no va a creer esto: ¡¡Cuando yo era niño por mi casa no pasaba el que recogía la basura!! ¡¡Lo juro!! ¡Y tengo menos de... años! Todos los desechos eran orgánicos e iban a parar al gallinero, a los patos o a los conejos (y no estoy hablando del siglo XVII)”

Supongo que las palabras de Galeano, pueden parecer extrañas y crear dudas en algunos jóvenes, pero son ciertas.

En los últimos 30 o 40 años se ha venido construyendo una trampa, y la sociedad ha caído en ella, lentamente y sin notarlo. Esta trampa se llama consumismo. El consumismo es un fenómeno social planificado conscientemente por los dueños de la gran industria con el único objeto de beneficiarse a sí mismos, sin que les importen las consideraciones de asuntos éticos que tengan que ver con el resto de la sociedad y el medio ambiente. A los dueños de esa gran industria no les importa el daño que sus productos y procesos industriales puedan causar; a ellos les interesa solamente las riquezas particulares que puedan obtener. Para muestra un botón: el uso y abuso que hacen de los niños para montar sus campañas de marketing, tal como se demuestra en el siguiente video.

https://www.facebook.com/redfiluruguay/videos/1013194632115052/?pnref=story

El marketíng o para llamarlo mejor, la publicidad irresponsable, ha ido quemando etapas en la construcción de la nueva cultura decadente, en un contubernio pleno de armonía formado por la empresa anunciante, la agencia de publicidad, los medios y las autoridades públicas, al que hay que agregar tristemente también, la indiferencia del consumidor, por no decir la sociedad completa.

La persuasión, que desde tiempos muy anteriores a la era cristiana, definió la función original de la publicidad, se convirtió en los últimos años, en una estrategia basada en la manipulación y el engaño. Ni nos dimos cuenta cuando esa publicidad comenzó su metamorfosis, pasando desde los medios más simples de la comunicación como el “pasá la voz “ hasta tomarse los periódicos, el correo postal, la radio, la televisión, el cine. Después se tomó las calles, los muros, los edificios, y ya ha comenzado a tomarse el cielo. Vallas publicitarias en carreteras, carteles, escaparates, anuncios móviles, anuncios electrónicos, personas en disfraces, anuncios disfrazados de noticias, etc., todo tipo de formas de publicidad llenando todos los espacios al aire libre y en interiores creando una sensación de espectáculo con colores, luces y sonidos, exigiendo la atención del público como si no existiera nada que sea más vital para la sociedad.

Una de las más importantes zancadillas del marketing, fue la apropiación de los cuentos infantiles que antaño tenían una función educadora y de pasatiempo en los infantes, bajo la vigilancia de los padres. Este fenómeno, es equivalente a que los niños hubieran sido arrancados de los brazos protectores de sus padres para ser usados al gusto, irresponsabilidad y antojo del sistema de publicidad. Lo han estado haciendo con el cuento de que desarrollan la imaginación de los nenes estimulando la fantasía natural que ellos poseen. Y con este artificio, desde hace ya varios años, se cruzaron completamente la raya de la fantasía infantil en la que caben algunas mentiras y convirtieron el asunto en un absoluto engaño que ha llenado tambien el mundo de los adultos.

Increíblemente gran parte de los padres de familia confían y se creen que el sistema de publicidad no representa peligro para los menores. ¡Claro que sí!. Y no solo para los menores, sino para toda la sociedad.

Hoy los irresponsables de la publicidad etiquetan sus productos con información falsa. Sus etiquetas mentirosas anuncian: falsa durabilidad, falsa utilidad, falso beneficio, falso ahorro en consumo de energía, falso rendimiento, falsa garantía, falsos materiales, falsa caducidad, falsa reciclidad, falso precio, etc. Todo es una mentira en detrimento del consumidor, y a nadie parece importarle. En realidad cada producto es una basura si lo comparamos con el que se producía hace unos 30 o 40 o 50 años
Lo cierto es que los dueños de esa industria han programado la utilidad de sus productos para mantener vivo un mercado enfermo, con características similares a la de un club de drogadictos al que ya pertenecemos la sociedad entera. Sociedad en muerte lenta e inevitable, cada individuo sometido por las campañas de marketing, controlado, neutralizado, inhabilitado, sin voluntad propia, sin capacidad de reacción, igual que un drogadicto que cree las palabras del expendedor a quien considera su amigo, pues al momento de comprarle la droga, le escucha decir que está preocupado por él, que todo estará bien, que su función no es venderle la droga sino ayudarle, etc.

Vivimos la mentira de la autodestrucción, en un estado de ebriedad y adicción del que no parece haber salida.

Masaya
16 de marzo de 2017

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© Juan Ramón Falcón

 

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