La Jicara Silvia Schöneke IntroArt

​Domame

​Domame

Átame a los pies de tu cama,

dame de comer solamente de tu mano,

enséñame algo que duela más que el olvido.

Ponte los zapatos de los sábados cualquier día

y déjame oír como te marchas.

No vuelvas hasta mañana y que tu ausencia

sea también la falta de mí misma.

Hazme promesas,

háblame de hipotecas,

de columpios,

de noches de pijama y de sofá,

de bailar hasta las tantas de los tontos,

de tus dietas absurdas a modo maruchan.

Pídeme un castillo y una trenza

o que no matas dragones por tenerme.

Dime otra vez eso del reloj biológico mío

tic tac tic tac tic tac

la maldita cuenta atrás,

que sienta el pánico de no llegar a tiempo

En este vientre que ya dio

Lo que tenia.

Abofetéame,

traza un camino de lunares

de tu cuello a la espalda,

un laberinto de tatuajes

desde mi boca a tu sexo

y déjame perderme a mi manera.

Hazme ladrar,

con la falda levantada hasta las mismas nubes, hasta el mismo infierno,

mánchate los dedos con mis orgasmos

y házmelos lamer,

como si mi deseo por ti

ya no entendiera de anatomía.

Como si tu boca ya no tuviera lugar favorito para besarme

o tu no conocieras la palabra "límite"

Secuestra mis palabras

pide un rescate imposible,

mata a mis musas,

a todas,

métete dentro del espejo del baño,

que solo en ellos se aguantarme la mirada.

Exige posdatas de piel,

que mi garganta no sepa decir tu nombre

si no te amo.

Que mi lengua se enrede si confundo un te quiero

con cualquier te necesito.

Azótame,

hazme poeta de nuevo,

otra vez.

Y vete para siempre como nunca

duele más adentro,

Vuelveme más intensa,

Enseñame a amar más profundo, a ser menos dócil

y deséame como nunca para siempre.

Arroja mi perfume a tu camisa,

amárrame tus labios a la boca,

tus manos a mi espalda,

tu sonrisa,

que vuele por el aire cual cometa

y se quede suspendida por mis ojos.

Retuerce mis pezones que el dolor

confunda su destino y ya no sepa

si doler cuando te vas

o a tu regreso.

No perdones nunca mis errores,

no me lleves nunca de la mano,

róbame el espacio,

los minutos,

clava tus antojos en mi pecho

y que a cada paso que te alejes

sea otra herida.

Y no me quieras nunca todavía

y no me odies siempre mientras tanto.